"De joven soñaba con ser muda"


A simple vista, nadie imaginaría que la profesora Inés Restrepo sufre de pánico escénico y que el inicio de clases cada semestre es para ella todo un reto. "Desde niña, me da susto hablar frente a un grupo grande. Así que me armo de valor y le pido a los estudiantes que desordenen el salón y que nos sentemos como en familia", cuenta la docente e investigadora del Instituto Cinara, donde trabaja desde 1991.Inés Restrepo es Ingeniera Sanitaria de la Universidad del Valle. Llegó al pregrado para ensayar una nueva carrera que se estaba ofreciendo. El gusto fue tanto que hoy es una apasionada por el tema del agua, saneamiento y transferencia de conocimiento a las comunidades.

Con un magíster en Ingeniería de Sistemas, un PhD. en Transferencia de tecnología de la Universidad de Leeds, Reino Unido y un movimiento permanente que la ha llevado a vivir en 12 ciudades del país y a recorrer el mundo, la profesora Inés recuerda que su incursión en la docencia comenzó en el Centro de Formación de Recurso Humano para el Sistema Nacional de Salud y que fue gracias a una invitación del profesor Gerardo Galvis como llegó al Instituto Cinara para ser asistente de docencia y coordinadora de un proyecto de investigación.

"Desde hace mucho tiempo vengo trabajando el tema de agua y saneamiento en comunidades rurales. Mi experiencia en Cinara me ha permitido ver que a pesar de que hace muchos años se hace investigación sobre la escasez, la contaminación y las aguas residuales, los problemas a nivel rural siguen siendo los mismos desde hace tiempo. Creo que esto se debe a que los resultados de investigación no se traducen rápidamente en políticas y a que los niveles de corrupción son tan altos que la participación de las comunidades se queda simplemente en lo informativo", asegura la profesora Restrepo.

Nacida en Bogotá, criada en el eje Cafetero e hija adoptiva de varias ciudades como Corinto, Ginebra y Tunja, la profesora asegura que ir de un lado para otro, tener contacto con comunidades colombianas, con investigadores internacionales que se concentran en el tema del agua y con muchas instituciones extranjeras relacionadas con su campo de investigación, ha sido una experiencia muy enriquecedora y vital como docente y como ser humano. "Salir, vivir otras culturas, recorrer otros países es una gran forma de ampliar la visión del mundo. Por eso, considero que como docentes debemos animar y apoyar a nuestros estudiantes para que accedan a cursos y becas internacionales", dice.

De su ejercicio en la docencia recuerda una anécdota especial. "Hace más de un año, fui vetada por dos estudiantes quienes pensaban que mi metodología era inadecuada. Les pedía que hicieran obras de teatro, que participaran, que leyeran, que investigaran. Pero ellos decían que las clases en ingeniería debían ser magistrales y punto. Lo curioso es que luego se aparecieron en mi oficina para pedirme que les dirigiera su trabajo de grado y lograron desarrollar una tesis muy interesante".

Y es que para la profesora Restrepo hay algunas cosas que deben revisar tanto los estudiantes como los docentes de la Universidad del Valle. "Nuestros estudiantes tienen dificultades con el inglés y con la lectura y escritura. Muchos de ellos se conciben más como trabajadores y no como gestores y directores de proyectos. Se preparan para el hacer y no para el dirigir y eso hay que cambiarlo. Hoy todo se trata, se maneja y evalúa por proyectos". En cuando a los docentes, nos falta acercarnos más al estudiante, entenderlo. Ensayar nuevas metodologías, dejar de lado la prepotencia con la que muchos de nosotros actuamos y comprender que nuestros muchachos son seres diversos, que tienen muchas veces una doble vida como estudiantes y trabajadores".

Si de hablar de su carácter se trata, la profesora Restrepo declara que su tono directo le ha cobrado factura. "De joven soñaba con ser muda para concentrarme en escuchar y observar a la gente. Y es que siempre me he metido en líos por decir las cosas de forma directa y franca y eso a veces molesta a las personas".

Al tocar los temas personales, la docente confiesa que no practica ningún deporte, que es aficionada a las lecturas de toda clase y a los documentales de historia y naturaleza. Dice no tener hobbies, pero cuando habla de sus dos nietos se entiende porque en su mundo no hay cabida para pasatiempos. Quizá el estar con esos pequeños, jugando en el barro y en el pasto la vuelve niña de nuevo. Ante la pregunta sobre el balance de su vida como docente y como persona sonríe y responde: "Creo que he tenido la fortuna de poder hacer todo lo que he deseado".

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