Profesor Juan Manuel Barraza Burgos es reconocido como Investigador Emérito Vitalicio: un logro construido durante décadas

Foto: Profesor Juan Manuel Barraza.
Créditos: Oficina de Comunicaciones de la Facultad de Ingeniería

Hay reconocimientos que no llegan como una meta buscada, sino como una confirmación silenciosa de toda una vida. Para el profesor Juan Manuel Barraza Burgos, ser nombrado investigador Emérito Vitalicio no fue un punto de llegada, sino una pausa para mirar hacia atrás y reconocer el camino recorrido. Un camino hecho de aulas, estudiantes, decisiones difíciles, afectos profundos y una convicción clara: la universidad es un proyecto de vida. “Yo creo que definitivamente hemos hecho cosas que llegan a ese nivel”, dice, con la serenidad de quien nunca trabajó por el aplauso, sino para dejar huella.

Una vida marcada por la docencia

El profesor Juan Manuel nunca se pensó lejos de un aula. Antes de ser ingeniero químico, antes de los laboratorios, antes de los proyectos y los artículos científicos, ya era maestro. Normalista de formación y barranquillero de origen, descubrió muy temprano que enseñar era una vocación más fuerte que cualquier título. “A mí siempre me gustó la docencia —dice— darle clases a niños, viejos, jóvenes, a todo el mundo”.

La química llegó después, casi de manera natural, entre los oficios de su padre y la curiosidad por los reactivos, los procesos y las transformaciones. Decidió entonces estudiar Ingeniería Química en la Universidad del Atlántico, sin abandonar nunca la idea de que su lugar estaría, tarde o temprano, frente a un grupo de estudiantes.

Tras realizar su práctica en Ecopetrol, trabajar como contratista en el Instituto Colombiano del Petróleo y estudiar su Maestría en la Universidad Industrial de Santander, el profesor Barraza llegó a Cali a finales de los años ochenta. En ese recorrido, la familia ha sido un soporte permanente. Hijo de un joyero momposino y criado en un hogar numeroso, aprendió desde temprano el valor del esfuerzo. Más adelante, su esposa se convirtió en un apoyo fundamental en cada etapa de su formación académica y profesional, acompañándolo siempre en su trayectoria: “nada de esto habría sido posible sin ese respaldo”, reconoce con sencillez. 

La Universidad del Valle fue una revelación. “Yo llegué aquí y sentí que había llegado a un paraíso: la universidad, la ciudad, la gente, la salsa, el fútbol, el clima, la vegetación… todo”. Aunque no era caleño, pronto se convirtió —como él mismo se define— en un calillero: caleño y barranquillero a la vez.

La sorpresa de un reconocimiento vitalicio

Foto: Ministra Yesenia Olaya junto al profesor Juan Manuel Barraza durante la entrega de reconocimientos en Bogotá.
Créditos: Profesor Juan Manuel Barraza

El 15 de diciembre, una carta de Minciencias rompió la rutina. El profesor Juan Manuel Barraza había sido reconocido como investigador emérito vitalicio, uno de los 124 profesores del país en recibir esta distinción. La noticia fue inesperada. “Fue una sorpresa increíble —recuerda—. Yo siempre había clasificado como investigador senior, nunca me imaginé esto”.

La emoción fue inmediata, pero también la reflexión. “Me puse a pensarlo y dije: sí, definitivamente hemos hecho cosas que llegan a ese nivel”. Con casi cuatro décadas de trabajo académico, el reconocimiento no solo premiaba una trayectoria personal, sino una vida dedicada a construir posgrados, formar investigadores y abrir caminos donde antes no los había.

El acto de reconocimiento se realizó en Bogotá y fue entregado por la Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación: Dra. Yesenia Olaya. Allí, junto a otros investigadores eméritos, el profe Barraza entendió la dimensión del logro. En los 80 años de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle, seis profesores han recibido este título. Él es uno de ellos.

Investigación, formación y carbón como problema local

Foto: Profesor Juan Manuel Barraza.
Créditos: Oficina de Comunicaciones de la Facultad de Ingeniería

La historia investigativa del profesor Juan Manuel Barraza está profundamente ligada a una decisión estratégica: investigar lo que el territorio necesita. Su formación inicial estuvo marcada por el gas natural y el petróleo, pero al llegar a Cali encontró otro escenario. “Aquí no había petróleo ni gas. Lo que había era carbón”, explica.

Ese hallazgo lo llevó a orientar su doctorado en la Universidad de Nottingham hacia el mejoramiento de carbones, una línea con profundo arraigo histórico en Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial. El objetivo era claro: aprender técnicas de beneficio del carbón para aplicarlas a los carbones del Valle del Cauca, caracterizados por su alto contenido de ceniza y su bajo rendimiento energético.

De regreso a Colombia, esa apuesta se convirtió en el núcleo de su trabajo académico. Así nació y se consolidó el grupo de investigación en Ciencia y Tecnología del Carbón, con proyectos junto a mineros locales, la industria y empresas. “Siempre quise que la investigación respondiera a un problema local”, afirma.

Pero su legado no se mide solo en publicaciones o proyectos—más de 150 artículos científicos y decenas de proyectos nacionales e internacionales— sino, sobre todo, ese compromiso en la manera de acompañar a sus estudiantes: no solo como tutor académico, sino como guía humano. “Si no hay química entre el tutor y el estudiante, no funciona. Hay que acompañar en todo: lo académico y lo personal. Se trata de crear vínculos”.

Su trayectoria también está marcada por una participación constante en conferencias nacionales e internacionales, especialmente en el área de energía y carbón, espacios donde presentó resultados de investigación, dialogó con comunidades científicas globales y posicionó el trabajo desarrollado desde la Universidad del Valle. El profesor Barraza ha formado alrededor de 12 doctores, más de 30 magísteres y más de 150 estudiantes de pregrado. “Para mí, lo más importante es la docencia. La investigación complementa, pero uno es profesor antes que todo”.

A ese recorrido se suma un amplio reconocimiento como evaluador académico. Ha sido par revisor de revistas de alto impacto, así como par de acreditación de programas de pregrado y posgrado en Colombia y en otros países de la región y del mundo, tanto a nivel nacional como internacional. También, ha participado como par evaluador del sistema Arcosur–Mercosur, alianza académica que articula a países de Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y, más recientemente, Colombia, evaluando y acompañando procesos de calidad en Ingeniería Química.

Un logro que también es de Univalle y de Cali

Para el profesor Juan Manuel Barraza, el reconocimiento como investigador emérito y vitalicio no es un logro individual. Es, ante todo, el resultado de una universidad que ha sabido sostener la docencia, la investigación y la formación a largo plazo. “La Universidad del Valle ha sido todo para mí. La escuela, la facultad, la administración, la vicerrectoría de investigación… todo ha sido fundamental para lograr estos resultados”.

Llegó a Univalle en 1987, cuando tuvo que elegir entre tres ofertas laborales. Eligió quedarse en Cali y construir aquí su proyecto de vida. Hoy, más de treinta años después, su historia está entrelazada con la de la Facultad de Ingeniería y con la de varias generaciones de ingenieros e ingenieras que encontraron en él a un maestro.

“Amo esta ciudad, amo esta universidad y amo a la gente caleña”, dice sin dudarlo. Su reconocimiento como investigador emérito vitalicio no solo honra una trayectoria académica excepcional, sino que confirma que, desde las aulas y los laboratorios de Univalle, también se construye país. Porque, al final, como lo demuestra su historia, formar personas es la forma más profunda de hacer investigación.

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