Hay un documento de 1994 que Mario Andrés Llano Restrepo todavía conserva. No es un diploma, una distinción académica ni uno de los artículos científicos que publicó a lo largo de su carrera. Es una carta que recibió mientras se encontraba en Estados Unidos, recién graduado como doctor en Ingeniería Química.
Por entonces, Mario evaluaba dónde continuar su carrera como investigador. Una de las posibilidades era el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
“Había conocido a Daniel Blankschtein, que en ese momento lideraba un grupo de investigación en el MIT. Incluso viajé a Boston para conocer al equipo de trabajo. Era una propuesta muy interesante desde el punto de vista científico”, recuerda Mario.
Pero, mientras analizaba sus opciones, comenzaron a llegar razones para mirar hacia otro lado.
“Mario, no se ponga a buscar allá lo que no se le ha perdido. Aquí, en la Universidad del Valle, tiene una oportunidad de oro”.
La frase hacía parte de una carta del entonces docente Jaime Jaramillo Castaño, quien quería convencerlo de postularse a las nuevas plazas profesorales que Univalle había abierto para profesionales con formación doctoral.
Poco después recibió otra, esta vez firmada por Ángel Zapata Ceballos, mítico profesor del entonces Departamento de Química.
“Él recientemente se había jubilado y, en su carta, me invitaba de manera muy conmovedora a regresar a Colombia y construir mi proyecto de vida académico acá. La idea era que yo entrara a suplirlo. Esa carta aún la conservo”.
Las palabras de sus antiguos profesores terminaron por inclinar la balanza. Mario regresó a Cali y se vinculó a la Universidad del Valle, comenzando una historia de 32 años que hoy llega a su fin con su jubilación.
Entender el universo marcó su camino
Para comprender por qué aquella vida académica encontró su lugar en la Universidad del Valle, hay que volver varios años atrás, a la época en que Mario comenzó a interesarse por la ciencia.
Mario nació en Bogotá en 1962, en el seno de una familia trabajadora. Su padre realizaba labores comerciales para la Esso Colombiana, lo que llevó a la familia a trasladarse con frecuencia por distintas ciudades del país.
“Sin embargo, crecí en Cali e hice mi bachillerato en el Colegio San Juan Berchmans”.
Fue durante esa etapa cuando conoció la física, la química, el cálculo, la geometría analítica y la trigonometría, disciplinas que despertaron su interés por su capacidad para explicar el universo.
“Me parecía extraordinario pensar que la evolución del universo podía entenderse a partir del aumento de la entropía. Que un principio físico tan elegante pudiera describir el comportamiento del universo despertó todavía más mi curiosidad”, explica.
Al terminar el colegio decidió estudiar física. Primero ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú, en Lima, y posteriormente continuó sus estudios en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Sin embargo, el enfoque de estas instituciones no terminaba de encajar con lo que buscaba y comenzaron a surgir preguntas sobre su verdadera vocación.
Las respuestas llegaron en una conversación con un antiguo compañero del colegio.
“Él estudiaba Ingeniería Química aquí y me habló de una carrera muy intensiva en termodinámica y en el estudio de fenómenos de transporte, como la transferencia de masa, calor y momentum. Ese enfoque me atrajo enormemente”.
Después de aquella conversación, Mario reorientó su camino. Ingresó a la Universidad del Valle y, en 1987, se graduó como ingeniero químico.
El camino hacia Estados Unidos
El título marcó el comienzo de su vida profesional, pero no el final de su búsqueda académica.
Después de graduarse, Mario trabajó en Carvajal S. A. y en Ecopetrol, donde participó en el desarrollo de nuevos productos y la optimización de procesos industriales. También tuvo su primera experiencia como docente universitario en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
“Pero ya me había picado el bicho de la formación posgradual. Así que empecé a hacer las gestiones para encontrar una oportunidad de estudiar en Estados Unidos”.
En una época en la que las ayudas económicas para estudiar en el extranjero no eran comunes, consiguió una beca de la Shell Oil Company Foundation para realizar un doctorado en Ingeniería Química en Rice University. Allí permaneció cinco años, profundizando en la termodinámica estadística y la simulación molecular, disciplinas que terminarían definiendo buena parte de su trayectoria investigativa.
Tras la finalización del doctorado y aquel intercambio de cartas con sus antiguos profesores, regresó a Cali y se vinculó a la Universidad del Valle.
“Me recibieron con los brazos abiertos y desde ese momento supe que este sería el lugar donde pasaría el resto de mi vida”.
Y así fue.
Una vida en la Universidad del Valle
Durante las siguientes décadas hizo de la Universidad del Valle el escenario principal de su vida académica. Enseñó, investigó, creó programas de posgrado, acompañó generaciones de estudiantes y participó en decisiones que contribuyeron a la construcción y el fortalecimiento de la Escuela de Ingeniería Química y de la Facultad de Ingeniería.
En las aulas enseñó termodinámica química, transferencia de masa, operaciones de separación, matemáticas, fenómenos de transporte, diseño de reactores, optimización aplicada, refinación y petroquímica, termodinámica molecular y simulación molecular, entre otros temas. Además, durante 14 años dirigió el Grupo de Termodinámica Estadística y Simulación Molecular.
Su aporte también se extendió a la formación de nuevos investigadores. En 1996, junto con los docentes Gustavo Bolaños y Juan Manuel Barraza, impulsó la creación de la Maestría en Ingeniería Química. Cuatro años después, participó en el establecimiento del énfasis en Ingeniería Química del Doctorado en Ingeniería.
Con el tiempo, también asumió responsabilidades de gestión académica. Presidió durante nueve años el Comité de Credenciales de nuestra Facultad de Ingeniería, donde participó en la evaluación y el fortalecimiento del cuerpo docente. Asimismo, durante cuatro años fue editor jefe de la revista Ingeniería y Competitividad.
“Con Edgar Bejarano y Olga Lucía Gálvez, trabajé arduamente para llevar la revista de la categoría C a la A2. Fue un proceso exigente, pero también una muestra de lo que se puede lograr cuando hay compromiso con la calidad y con el impacto de lo que se publica”, destaca.
Una labor docente, investigativa y administrativa que contribuyó a que la Escuela de Ingeniería Química y la Facultad de Ingeniería se consolidaran como espacios de formación y construcción de conocimiento. Sin embargo, después de más de tres décadas, esa etapa llega hoy a su fin.
“Si tuviera que resumir lo que siento hacia esta institución, la palabra sería gratitud. Por haberme permitido desarrollar aquí toda mi vida académica, por los colegas que confiaron en mí y con quienes compartí proyectos e investigaciones y, sobre todo, por mis estudiantes. Ellos me obligaron a formarme cada vez más y a ser un mejor profesor. Me hicieron entender que enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en formar personas”.
Nuevos caminos para seguir aprendiendo
Con la jubilación, Mario comienza una nueva etapa en la que espera seguir cultivando su conocimiento, esta vez en dos campos que lo han acompañado desde joven: la historia y la astrofísica.
“La historia es una herencia familiar, y la astrofísica es algo que siempre me ha fascinado y de lo que recientemente, de manera autodidacta, he ido actualizando mis conocimientos. La idea es aprovechar el tiempo e ir explorando y comprendiendo el mundo desde estos campos que tanto me apasionan”.
Así, el profesor Mario se despide de la Universidad del Valle, institución a la que dedicó buena parte de su vida y que ayudó a fortalecer con conocimiento, compromiso y vocación.
“El mensaje que quisiera dejarles a las nuevas generaciones de profesores y estudiantes es que se entreguen por completo a aquello que hagan. Trabajen con convicción, con entusiasmo y con amor por su profesión. Las grandes realizaciones solo son posibles cuando uno está verdaderamente enamorado de su trabajo”, concluye el docente Mario.
Desde la Facultad de Ingeniería agradecemos profundamente al profesor Mario Andrés Llano Restrepo por su entrega, conocimiento y calidez humana, cualidades con las que enriqueció nuestra alma mater. Le deseamos éxito y bienestar en los nuevos caminos que emprenda para seguir aprendiendo, explorando y comprendiendo el mundo.


Comentarios
Publicar un comentario